Desde el incidente de Napster, las compañías discográficas fueron conscientes del peligro que suponía a sus ganancias el compartir música en internet. Y no es que eso de compartir canciones fuese algo nuevo, ya que antes de que cualquiera pudiese contar con una computadora, era común pedirle a los cuátes que se mocharan con algún disco que nos gustaba y grabarlo en cassette o en su defecto conseguir la copia pirata en cualquier tianguis, aunque esta última opción tenía sus bemoles, por lo menos en mi caso, por lo chafa de las copias y lo difícil de conseguir el material que me gustaba. Sin embargo, al irse haciendo popular el compartir archivos de música en internet, uno se encontraba con la posibilidad de bajar miles de canciones de buena calidad sin pagar un solo centavo. Este enorme catálogo de canciones gratis y la facilidad para conseguirlas fue precisamente lo hizo temblar a las disqueras.
Como era de esperarse con cualquier emporio multinacional y multimillonario cuando esta perdiendo el control en su monopolio, (más…)








